Leyenda de la casa de los perros

La leyenda de la casa de los perros es una de las historias de terror que aún tiene testigos de los sucesos que han ocurrido ahí. A continuación, te contaremos este terrorífico relato:

Leyenda de la casa de los perros
Imagen de SoyGDL

Historia de la casa de los perros

Todo ocurrió en el siglo XX, cuando un cafetalero viudo y millonario de 70 años llamado Jesús Flores decidió buscar una nueva pareja después de pasar mucho tiempo en soledad.

Al inicio se interesó por una de las hijas de la costurera del pueblo. Sin embargo, esta nunca lo notó y terminó casándose con un alfarero de buena cuna proveniente de Tlaquepaque.

Cuando parecía que no volvería a contraer nupcias, la hermana de la joven a la que pretendió comenzó a mostrar interés en él.  Esta chica se llamaba Ana y a través de sus encantos consiguió que le propusiera matrimonio.

Rápidamente Ana fue a vivir a la finca de Don Jesús. El primer deseo de la nueva esposa fue que se construyera un segundo piso a su residencia, ya que en aquella época las edificaciones de dos plantas eran una muestra de fortuna y elegancia.

Cuando la construcción terminó, Doña Ana como ya se hacía llamar, decidió adornarla con dos esculturas de perros traídas directamente desde Nueva York.

Pasaron los meses y la pareja emprendió un viaje a Europa. Durante el regreso el barco en el que se transportaban estuvo a punto de hundirse. En ese momento tan angustiante, ambos se juraron que si uno perdía la vida el otro le rezaría un novenario cada año. Afortunadamente, la desgracia no ocurrió y pudieron continuar su travesía.

Después de algunos años el tiempo no perdonó a Don Jesús y su vida terminó. Su esposa Ana, que para ese entonces seguía siendo muy joven, comenzó un amorío con José Cuervo un antiguo ayudante de su marido.

A las pocas semanas empezaron a suceder eventos paranormales en la finca, voces de ultratumba, quejidos infernales y movimientos inexplicables que hicieron que la joven pareja abandonara el lugar. Dando así, inicio a la leyenda de la casa de los perros de Guadalajara.

Al final el predio se vendió, pero el nuevo dueño también la descuidó porque no se podía vivir ahí. Las cosas que ocurrían eran indescriptibles.

Años más tarde se comenzó a decir en el pueblo que aquel que fuera capaz de rezarle un novenario a Don Jesús sería el dueño de la propiedad.

Muchos lo intentaron, pero las voces de ultratumba y los extraños movimientos de las cosas los hacían salir corriendo. Algunos otros, incluso aparecían desmayados y traumados por la experiencia tan macabra que habían vivido.

Por esta razón, ya nadie entraba al lugar hasta que en la década de los 90s se convirtió en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas de Guadalajara.  Poniendo fin a una de las leyendas mexicanas más siniestras.

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